Entrega y primeros cien kilómetros.

100 Kilómetros: nada; prácticamente la primera tarde. Te haces la foto de rigor contento en la puerta del concesionario. Arrancas el vehículo, te incorporas acojonado perdido a la calle y aceleras con suavidad esperando que aquel trasto se vuelva loco. Y no. Claro que no. El que se vuelve loco eres tú esperando que la gente se gire por la calle para ver la montura verde pistacho fosforito. Y tampoco. Ah, justo ahí, es cuando te das cuenta que pilotas una moto terriblemente -y preocupantemente- discreta. ¿Por qué?

 

Créeme, ése es uno de los puntos más conflictivos de la BMW C Evolution: que no te oye nadie. Ni las personas que cruzan la calzada sin mirar, ni el conductor que te cierra en la glorieta. De ahí que la primera inversión necesaria es un buen casco integral y un buen seguro a todo riesgo, y empezar a usar el toque al claxon como un ‘oye, estoy aquí’. Por tanto, primera lección, estás algo vendido pues pocos te sitúan en la calzada, así que cuidado con todo lo que se menea.

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Qué agradable es sentirse bien tratado.

Las primeras impresiones es que la motocicleta es aplomada y relativamente ágil. Sorprende que pese 265 Kilos pero cuando estás en semáforo parado lo notas, sobre todo cuando no llegas con facilidad al suelo; también cuando accedes a una rotonda o bien cuando sales de ella esperando la agilidad de una scooter. A pesar de ello, el centro de gravedad es suficientemente bajo como para poder acelerar con cierta alegría en pleno apoyo lateral, y forzar el cambio de peso balanceándote con moderación. Eso sí, recuerda que sólo es una scooter, no hagas el panoli moviendo el culo de un lado a otro.

El recorrido del gas permite circular a baja velocidad de forma sostenible, incluso a ritmo de peatón, con un leve zumbido eléctrico que recuerda a cualquier X-Wing ochentero en pleno fregao. Y la aceleración, amigo, es realmente reseñable más aún viniendo de una atrofiada 125cc con más de quince años, por lo que no es ilógico pensar que uno desee encontrarse todos los semáforos en rojo, con alguna TMax por ahí al lado. Por aquí vamos bien, la moto zumba: en sonido como en reprise.

En cuanto a la movilidad en autopista, pues vamos, qué voy a contarte. Está bien, agradeces ése peso que antes comentábamos, pero la moto muere a menos de 130 Km/h, y tiene su lógica: no quiero pensar qué consumo en KWh puede tener cuando superes esa velocidad con tal carga aerodinámica. En el poco tiempo de circulación notas la alegría del motor eléctrico, la elevada aireación que no te evita el parabrisas y la pérdida de autonomía de forma sostenida, así que regresamos a la ciudad, territorio natural de la BMW C Evolution.

102 Kilómetros. Dos horas y media.

 


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